lunes, 6 de febrero de 2023

¿Qué significa creer en la santidad de la vida?




 La frase "santidad de la vida", refleja la creencia de que debido a que las personas son creadas a imagen de Dios (Génesis 1:26-27), la vida humana tiene en sí un atributo sagrado que se tiene que proteger y respetar en todo momento. Mientras que Dios le dio la autoridad a la humanidad para matar y comer otras formas de vida (Génesis 9:3), el homicidio de otros seres humanos es expresamente prohibido con la pena de muerte (Génesis 9:6).


La humanidad fue creada a imagen de Dios, pero el pecado ha corrompido esa imagen. No hay nada inherentemente sagrado en el hombre en su condición caída. La santidad de la vida humana no se debe al hecho de que somos unos seres humanos maravillosos y buenos. La única razón por la que la santidad de la vida se aplica a la humanidad, es el hecho de que Dios nos creó a su imagen y nos aparta de todas las demás formas de vida. A pesar de que esa imagen ha sido manchada por el pecado, la imagen de Dios aún está presente en la humanidad. Somos semejantes a Dios, y esa semejanza significa que la vida humana siempre se debe tratar con dignidad y respeto.

La santidad de la vida significa que la humanidad es más sagrada que el resto de la creación. La vida humana no es santa en el mismo sentido en que Dios es santo. Sólo Dios es santo en sí mismo. La vida humana solo es santa en el sentido de estar "apartada" del resto de la vida creada por Dios. Muchos aplican la santidad de vida a temas como el aborto y la eutanasia, y, aunque definitivamente se aplica a esos temas, la aplicación es mucho mayor. La santidad de vida debe motivarnos a luchar contra toda forma de maldad y de injusticia que se perpetúa contra la vida humana. La violencia, el abuso, la opresión, el tráfico de personas, y muchas otras maldades también son violaciones de la santidad de la vida.

Más allá de la santidad de la vida, hay un argumento mucho mejor contra estas cosas: el más grande mandamiento. En Mateo 22:37-39, Jesús dice, "'Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo". En estos mandamientos, vemos que nuestras acciones deben estar motivadas por el amor a Dios y por el amor a los demás. Si amamos a Dios, valoraremos nuestras propias vidas como parte del plan de Dios, para hacer su voluntad hasta que se haga realidad que nuestra muerte contribuya mejor a su voluntad. Y vamos a amar y a cuidar a su pueblo (Gálatas 6:10; Colosenses 3:12-15). Vamos a ver las necesidades de los ancianos y de los enfermos. Vamos a proteger a los demás de cualquier daño, ya sea por el aborto, la eutanasia, el tráfico de personas o de otros abusos. Mientras que el fundamento sea la santidad de la vida, el amor debe ser la motivación.


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